Una calle sin perro no sería una calle plena. Una pintura del alemán George Grosz no sería lo mismo sin la placidez del perro. Suicide Street with Dog, de 1916, no sería una historia completa sin el rojo y sin ese tiempo detenido donde todos, incluso la muerte, y el perro, ya son alfombra. Un pintura de Grosz sin perro sería como una arandela sin tornillo. Dicen que era un pintor de entreguerras, un expresionista, un agitador, un huido hacia Estados Unidos, aunque fue aquel ladrido silenciado el que indicó la cuenta atrás de esa guerra.