
Así de abigarrada, y grotesca, dicen que era la moda femenina hacia 1770, y por los alrededores. El falderillo no estaba en el halda ni en el regazo; al parecer, se acomodaba en un rebullicio de telas y capas justo en la espalda -o en la caricatura de una espalda-, y así era transportado de un lugar a otro. Los peinados ascendían como bodegones inestables, y los perros eran similares a un caniche toy o a un King Charles, o similar, siempre de carácter apocado, o bien estaba enrabietado o apático. En estas caricaturas no existe un término medio, ni en la banalidad ni en el exceso. Pareciera, todo, naufragar dentro de un abullonado cascarón social. Un poco después llegaría la Revolución Francesa.

Le Monde comique, 1885 (de BnF)