
No es que le gustaran los perros, es que se consideraba militante defensora a tiempo completo, era la ‘devota’ número uno entre las actrices de su época, en la década de los años veinte (s.XX). Alice Brady nunca caminaba si podía evitarlo, nunca estaba de pie si podía sentarse y nunca afirmaba si podía mentir, solía decir en sus entrevistas. «…Ella convive en su casa con no menos de seis perros, nunca sale sin tres de ellos, alternando para ser perfectamente justa. No viajaba al extranjero, ni hacia giras, porque en los barcos, y en los camarotes, no permitían el acceso a sus perros, y los recintos perrunos no eran higiénicos. No tiene alfombras en su apartamento, y sus muebles eran elegidos a prueba de perros… Ofrecía ayuda constante a los actores amantes de los perros. Un amigo suyo, actor desafortunado que tenía un perro policía entrenado, fue llevado a los juzgados por impagos y bancarrota; el juez sentenció que el valioso animal se vendiera para liquidar las deudas. Alice contrató a un abogado, pagó la fianza y se hizo cargo de todos los gastos hasta que pudo obtener trabajo. Y no perdió a su pastor alemán. Ella mantiene una cuenta abierta en un banco de Hollywood para hacerse cargo del pago de los impuestos de licencia para los niños indigentes que no tienen como afrontarlo… Prácticamente, todas las estrellas con un perro se han unido a los Tailwaggers, un ambicioso club cuyo lema es «Lend a paw», desde donde se realizan campañas gratuitas de vacunación para contencion de la rabia, y también rondas y vigilancias para localizar a los envenenadores de treinta y siete perros de Hollywood, que hacen uso de carne molida envenenada que arrojan a los jardines privados…» (Entrevista para la publicación Silver Screen, 1937, dos años después de enterrar a su terrier Sammy en Los Angeles Pet Cemetery)