El diario francés L’Intransigeant, del 10 de diciembre de 1916, en plena Gran Guerra, y dirigido por Leon Bailby, abrió portada con un artículo de Le poilu et son chien y con otro que pormenoriza la situación alemana en los Vosgos.
Muy pocos saben que aquella compleja zona, nevada a más no poder, fue poco a poco reconquistada gracias a los perros de trineo que, de forma secreta, fueron entrenados y trasladados desde Canadá a las costas francesas para servir de apoyo, comunicación, mensajería, así como auxilio sanitario. La idea, y plan secreto, fue autorizado en 1915 por el ministro de guerra Millerand. Gracias a los varios equipos de tiro, y a la preparación de los guías y conductores, los perros prestaron un servicio que todavía se está evaluando con respecto a la logísitca del traslado de alimentos, ropa de abrigo y munición. Estos 436 perros, de todas las razas de tiro, que eran capaces de soportar bajísimas temperaturas y condiciones extremas, fueron fundamentales para la localización y traslado de heridos.
