Harnescar

La villa sería destruída por un terrible seísmo acontecido en 1356. Más de cien años después de este ‘harnescar’.

Es historia. Es decir, sucedió o sucedía así. Y dice François Clement en su titulada obra L’art de vérifier dates des faits historiques. Des chartes, des Chroniques et autres anciens… (Tomo XVII, 1818-1819): «…Federico estaba en posesión del castillo de Egisheim, que concedió en 1228 a Enrique, rey de los romanos, para que lo administrara como feudo. Por la misma época tuvo una disputa con Enrique, obispo de Bâle, a quien despojó de algunas de sus tierras, y también arrestó junto a varios eclesiásticos, cerca de ‘Altkirch’, y a quien mantuvo prisionero… El obispo, habiendo presentado sus quejas sobre este ataque al emperador Federico II, lo hizo condenar a la pena de harnescar, es decir, a llevar un perro sobre sus hombros durante dos leguas. El conde de Ferrette, acompañado de sus oficiales y sus vasallos, entró así en la ciudad, ville de Bâle, en 1252, hasta las puertas de la catedral, donde, habiéndose arrojado tres veces a los pies del obispo, obtuvo el perdón y la absolución… Federico fue estrangulado dos años después, en 1254, por Luis Grimmel, su segundo hijo.»

Es de suponer que eligió un perro pequeño, acaso del halda, de escaso tamaño, peso y de gran docilidad. Acaso.


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