Cada época, o generación o etapa en el ser humano ha tenido un vínculo animal con el que traza un paralelo, una reflexión, una metáfora y muchas denuncias. Con Timbuktú (Tombuktú), y un perro callejero que merodea por aquí y por allá, Paul realiza esa especie de metamorfosis en su novela y así asoman esencias, filosofía, descripción social, teología e incertidumbre… Acaso se acepte el símil de la Historia como un halda y se admita también que ahí se coloque y arrope desde lo frágil hasta lo que se resigna e incluso lo que se esconde; emociones, sustos, esperanza, perplejidad, incomprensión junto a ese ladrar al árbol equivocado… Y pueda añadirse esto al quehacer instintivo de Paul Auster, que ahora podrá ser visitado por Mr. Bones y guiado hasta la esencia-hueso, tuétano de nuestra historia: «…Donde termina el mapa de este mundo, allí comienza el mapa de Tombuctú»