
… Sencillamente porque ni fue perro, ni cachorro ni falderillo enigmático, y sí era una cria de koala, de apenas dos meses. La actriz cambió los creyones y los carboncillos, como ilustradora para revistas (en Filadelfia), por la actuación y la cinematografía, y para 1917 consiguió ser una estrella consagrada de la productora Vitagraph, año en el que se retira, entre más silencios y otros enigmas.
