Giuseppe Verdi con el falderillo Lulú (Loulou)

Verdi con Lulú, caricatura de Melchiorre Delfico, hacia 1858.
La escritora Diana Burgwyn realizó el pormenorizado libro Wonderful World of Opera Dogs. Por lógica reúne a los habituales falderillos acompañantes, y a este Loulou (Lulú) del compositor Verdi.

De forma muy resumida, la historia es la siguiente:

«Era un maltés a quien Verdi llamó Lulu. Un macho a pesar del nombre. Lulu precedió a Blach (Black) cronológicamente y fue, sin duda, el perro favorito de todos los tiempos de Verdi y de su compañera (con quien más tarde se casó), Giuseppina Strepponi… Verdi había sufrido dos pérdidas trágicas al principio de su vida: sus dos hijos pequeños y luego su joven esposa. A mediados de la década de 1840 comenzó a vivir con Strepponi, una soprano que interpretó varias de sus óperas…»

Se dice que es factible que Lulú fuera un obsequio de Francesco Maria Piave, libretista y compatriota, que visitó Santa Ágata, pues Verdi le había escrito: «Ven rápido entonces, y, si puedes, trae un león contigo, que sabes que hará las delicias de Peppina». El amigo se decidió por este maltés que se adueñó del corazón de la pareja en cuanto llegó a la casa. Verdi daba largos paseos con Loulou, arropándolo con su chaqueta para evitar que se enfriara, pero con la nariz fuera para poder respirar. Loulou incluso tenía su propio pasaporte, y estaba acostumbrado a viajar a todas partes con la pareja… En 1858, con motivo de los ensayos de la ópera Simon Boccanegra, Verdi se hizo amigo del barón Melchiorre Delfico, conocido como el Príncipe de los Caricaturistas y, durante su visita a Nápoles, abordó una serie de dibujos que representan a Lulu junto el compositor… Al año siguiente –en 1859–, el maltés se debilitó durante el largo viaje que realizó con Verdi y Strepponi, agotador trayecto desde Roma a Civitavecchia. La muerte de Lulú sucedió en julio de 1859, y así se explicó Verdi al cancelar todas sus actuaciones, reuniones y proyectos;

«Una desgracia muy grave nos ha golpeado y nos ha hecho sufrir terriblemente. ¡Loulou, nuestro Loulou está muerto! ¡Pobre criatura! ¡El verdadero amigo, el fiel e inseparable compañero de casi seis años de vida! Es difícil describir el dolor de Peppina, pero puedes imaginarlo… Qué feliz me sentiría de recibir a alguien en mi casa a quien amo y venero, y sabes que hablo sinceramente, pero en mi casa ahora solo hay desolación».


Filippo Palizzi, “Lulù”, 1858, 
olio sobre tela, realizado en Villa Verdi, Santa Àgata.


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