La tristeza de Masterpiece

Suele creerse que ciertas monomanías humanas con respecto a los falderillos son excentricidades, excesos femeninos e incluso se han vinculado a desajustes emocionales, hasta que llega el ejemplo de este caniche miniatura. Al cumplir un año de edad, Masterpiece tuvo un debut desfavorable en la categoría de cachorros en Westminster Kennel en 1947, sobrevivió a un ataque de moquillo y siguió participando en exposiciones regionales. Fue el primer perro miniatura (toy) en lograr la trifecta, así que vez tras vez debió demostrar su perfección en Nueva York, Chicago, San Luis y Los Ángeles en jornadas sin descanso. Su dueño, el conde Alexis Pulaski, ideó un corte en el pelaje gris perla de Masterpiece que dejaba al descubierto cadera y patas traseras, huyendo de la estética de los pompones tan habitual, excesivo y hasta ridículo.

Masterpiece se hizo tan famoso que el príncipe pakistaní Ali Khan intentó comprarlo como regalo para su esposa, la actriz Rita Hayworth, por 25.000 dólares. El caniche engendró aproximadamente 350 criaturas, descendencia que fue repartida entre Judy Garland, Gary Cooper o Eva Peron. Llegó a utilizar el perfume «Kennel No. 9», anunció medias, zapatos, cortinas y teléfonos, y lo que se se les ocurriera. A su llegada a París, los fotógrafos de la revista Life se arremolinaron con gritos y empujones de tal intensidad y desorden que debió intervenir la policía. En sus visitas a Europa, Air France le ofreció una fiesta de despedida en el restaurante del aeropuerto, donde se preparó un menú especial con un manjar bautizado Masterpiece en su honor.

Desapareció en 1953 tras un misterioso robo en Nueva York, en la tienda Poodles, Inc. en Manhattan. Según la investigación: «Un testigo informó haber visto a una mujer morena y elegante con un abrigo rojo salir de la tienda con un pequeño caniche gris que la seguía dócilmente y sin correa.» Se había escapado en varias ocasiones, y la idea más convincente casi con total seguridad es que, ya con siete años el caniche y una vida demasiado ajetreada, el conde encontrara más lucrativa su desaparición que la continuidad natural de su vida.


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