Fue una criatura animal mimada y privilegiada, dueña de los mejores cojines, alfombras, camas y rincones domésticos. No era un chihuahua ni un pinscher miniatura, sino un ratonero de Praga que fue eternizado por la pintora Eupheme Muraton (Beaugency, 1840–1914). Aunque en la actualidad se la encorseta en trabajos de naturaleza muerta, en 1867 se la consideraba una excelente animalista: «… Ha adquirido ya una celebridad en París y, si vive algunos años (pues tenía una salud muy quebrantada), será como Rosa Bonheur, una de las glorias de Francia».


Ama Ndlovu explores the connections of culture, ecology, and imagination.
Her work combines ancestral knowledge with visions of the planetary future, examining how Black perspectives can transform how we see our world and what lies ahead.
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