
Parece ser que la actriz Gina Palerme era descendiente de una bellísima dama francesa llamada Marie Charlotte de Maulmont, y que esto lo detectó Abel Gance cuando la dirigió en La Roue (1923), y que lo mismo sucedió bajo la dirección de Sessue Hayakawa en The Battle (1924). Y es curioso, también, que los eventos caninos de por entonces reflexionaran sobre la necesidad de tener en cuenta a perros jubilados o enfermos o retirados tras un accidente en escena en 1922: «Hay perros muy desafortunados que este año sufrirán en silencio por no participar en la exposición canina, pues la enfermedad los aparta de participar en el Alcázar. ¿No sería posible darles la bienvenida en una categoría especial de discapacitados? Allí veríamos al griffon ciego y al Schipperke sordo de la Sra. Maguy Warna, al lebrel ruso de la señorita Gina Palerme, quien se encuentra preñada (el perro), y finalmente el pobre lulú de la Sra. Huguette Duflos, que tiene las piernas atrofiadas. Nada de todo esto impide que las pobres bestias, todas ellas, sean todavía inteligentes…» En el caso de Gina se referían a su galgo irlandés, aunque para otros era un galgo ruso, no obstante era una galga fiel y cómplice desde 1919.