Perroquianos

LOS SIGUIENTES PÁRRAFOS aparecieron en el artículo Perrerías (un tanto al estilo de cuando Aristóteles zanjó sus asuntos refiriéndose a los Perroquianos), narrado por Ramiro Pérez en el mensual Cine Mundial, en el mes de mayo de 1922 (España): “…Para ser elegante, para estar a la moda (en Nueva York), hay que tener un animalito cualquiera, un perro por lo general, para el cual son todos los mimos, los mejores bocados, los besos y las caricias y los cojines más mullidos; eso es lo que se llama el pet, es decir, el mimado. Cuando mi mujer, la inefable Dorotea o Doris como me obliga a llamarla, se enteró de lo elegante y chic que es tener un perro, me dijo que debía a la mayor brevedad adquirir uno si no queríamos pasar por idiotas provincianos. Traté de quitarle la idea de la cabeza, pero ella ordenó sencillamente:

— Compra un perro de buena raza y con su correspondiente pedigree —dijo, y déjate de reflexiones. Sin un ‘pet’ seremos gente a quien nadie tiene consideración ni respeto y nuestras hijas, Luisita y Lolita, no encontrarán novios millonarios como tanto lo deseamos. Eso de tener un animal para mimarlo, es el último grito de la moda. Te digo que lo del pet es de última invención y, si lo dudas, ahí tienes a las Talmadge con sus loros, a Mary Miles Minter con sus canarios, a Doug Fairbanks con su caballo, a Harold Lloyd con su perro…


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