
Rodeado de alimentos, de lo que la tierra produce, unas manos que sellan un pacto de auxilio colectivo, unas banderas que prescinden de las armas y precisan de picos, palas y lo necesario para desenterrar (o dar sepultura), y en sustitución del caballo etéreo, un perro al rescate que localiza, queda a la espera e indica que alguien late bajo ese seísmo que siega la vida.




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