
De Moriyama dijeron que iba en zig-zag por la vida, siguiendo el olor y el rastro de las cosas. Se tumbaba en la sombra de los edificios y los objetos, vagabundeaba callejero, solitario, sin acomodo alguno entre sus contemporáneos. La ensayista Jiae Kim ha encontrado en este Perro Callejero una conexión con la película del mismo nombre realizada por Akira Kurosawa en 1949, aunque cada realidad tiene su propio acomodo, a veces o a ratos. Se identifica en ambos el Japón de posguerra, el áspero y doloroso tiznado, y la sombra en textura de la ceniza.




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