Podcast Episode: Arte, Fotografía y Cine, extraído por IA (experimental)

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Pip: Del Halda ilustrados, donde un perro de bronce irlandés, una fotografía callejera en Tokio y Stanley Kubrick con guardaperros comparten el mismo pasillo.

Mara: Karin Taylhardat recorre esta semana una escultura figurativa, una fotografía callejera japonesa y el Kubrick fotógrafo antes del Kubrick cineasta. Empecemos por el bronce.

Escultura y figura en tres dimensiones

Mara: La pregunta aquí es qué hace que una escultura animal parezca venir de otro tiempo, no solo representarlo.

Pip: El post sobre Seamus Connolly lo formula así: el perro de bronce de 2014 aparece «casi primitivo y ancestral», con una «perspectiva convierte su presencia en tridimensional, como surgido de otros tiempos, testigo de épocas en eterna confrontación.»

Mara: Lo que eso significa en la práctica es que Connolly no modela un animal doméstico, modela una presencia en guardia permanente, algo que custodia sin que nadie se lo haya pedido.

Pip: Y el contraste que propone el texto es revelador: justo al lado de ese bronce casi ancestral aparece Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, diseñada por Javier Mariscal, bidimensional y festiva. Mismo animal, universo opuesto.

Mara: La escultura y la ilustración comparten el motivo pero divergen completamente en el tiempo que invocan. Esa tensión entre permanencia y momento lleva directo a la fotografía callejera.

La fotografía callejera como película interior

Pip: La pregunta que abre este territorio es si una imagen fija puede contener una narrativa completa, o si necesita el movimiento para existir de verdad.

Mara: El post sobre Daidō Moriyama responde desde su fotografía New York City de 1972. La ensayista Jiae Kim conecta esa imagen con la película Perro Callejero de Kurosawa: «Se identifica en ambos el Japón de posguerra, el áspero y doloroso tiznado, y la sombra en textura de la ceniza.»

Pip: Eso es lo que la fotografía callejera puede sostener que el cine apenas roza: la quietud del rastro, sin trama que lo resuelva.

Mara: Y Moriyama construyó toda una obra sobre esa lógica. Su foto-libro Inu no Toki, publicado por Sakuhinsha en edición limitada de 1500 ejemplares, condensa esa manera de moverse por el mundo: en zigzag, siguiendo el olor de las cosas. Del archivo japonés al archivo neoyorquino hay un solo paso.

Kubrick antes del encuadre cinematográfico

Mara: Kubrick fotógrafo es casi un personaje distinto al cineasta: diecisiete años, la revista Look, miles de fotografías por Nueva York.

Pip: Y una en particular detiene el texto: la cuidadora del guardarropa del Club 21, rodeada de caniches, poodles toy, un galgo afgano y un Bedlington Terrier, mientras sus dueños almuerzan adentro. «Las jornadas para los trabajadores eran agotadoras», dice el post, sin adorno.

Mara: Lo que Kubrick captura no es el glamour del Club 21, que abrió hacia 1922 y sobrevivió la Ley Seca con puertas falsas y bodegas escondidas, sino el reverso: la mujer que sostiene todo eso en silencio.

Pip: El texto acumula nombres que pasaron por ese club, Bogart, Lauren Bacall, Grace Rosenfield, y la lista funciona como fondo de escena para que la cuidadora ocupe el primer plano.

Mara: Como contrapunto, el fotógrafo Sean Ellis publicó un libro de 144 páginas sobre su propio perro, al que llamó Kubrick, desde que nació en 1998 hasta que murió en 2009. El nombre como homenaje, el archivo como forma de duelo.

Pip: Dos Kubricks, un solo instinto: mirar lo que nadie está mirando.


Mara: Bronce que custodia, fotografía que vagabundea, cámara que voltea hacia el margen, todo apunta a lo mismo.

Pip: La próxima semana, a ver qué más guarda Del Halda ilustrados en el guardarropa.

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