Munito, Lélio, además de Galoubet

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Munito, 1917

El que se consideraba dueño del caniche Munito, el señor Castelli, lo utilizó para asombrar al mundo en 1817, en el Laxton’s Rooms de Londres, exhibiéndolo en cuantos lugares fue requerido, y al parecer sobrevivió hasta 1820.

El italiano Castelli no hablaba inglés, solo italiano y un mal francés, idiomas que, según declaraciones, el perro entendía a la perfección. Munito (en español se traduciría como Dotado), y mencionado también como El Perro Maravilloso, o el Isaac Newton de su raza. podía realizar trucos, hacer sumas y deletrear palabras mediante tarjetones con las letras y, según Crónica científica y literaria de 1918, rescató a una niña de morir ahogada en Green Park de Londres, así que Munito fue también héroe glorificado.

La heroicidad de Munito en Londres

El 26 de enero de 1867, Charles Dickens rememoró a Munito con especial detención: «…Hace unos cuarenta y cinco años, se exhibió en Piccadilly a un perro sabio llamado Munito… Realizaba muchas proezas curiosas: respondía preguntas, decía la hora… y elegía cualquier carta que se le pidiera de una baraja en el suelo.» Recuerda que para encontrar explicación al suceso, regresó por segunda vez y descubrió el truco: «Observando con más atención, notamos que entre cada proeza el amo le daba al perro pequeños trozos de comida, y que había un débil olor a anís en ese rincón de la habitación…», de manera que las cartas de la baraja quedaban marcadas.

Ilustración Munito the wonder dog performing card tricks for a fashionable audience, 1817. (Universal Images Group via Getty Images)

Munito también aparece en la novela Un capitán de quince años (Dick Sand, de Julio Verne, publicada en 1878), pero el escritor consideró que el caniche fue entrenado para reaccionar al sonido en lugar de al olfato.

Se decía, hacia 1852, «Por qué un gato no ha de poder cantar cuando Munito aprendió a jugar al dominó», refiriéndose a Galoubet, el felino filarmónico que por entonces asombraba en París. A Munito le siguió Lélio (acaso bautizado así en homenaje al compositor Héctor Berlioz), cuyas proezas transcurrieron  en San Petersburgo, hacia 1858, un falderillo que lo superaba en proezas e inteligencia, pues además de jugar al dominó, era brillante con el whist, y sumaba y escribía

Munito II participó en 1842 en un descenso en paracaídas desde el globo Monstruo, en México capital, a las diez y media de la mañana, por donde se situaban los portales de Mercaderos y Agustinos. Y llegará Munito III, caniche que, además de jugar a los naipes y al dominó, sabía bailar, pero en 1875 fue atacado por un perro hidrófobo y los sacrificaron a ambos en París.

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