
Natacha Rambova, bailarina y diseñadora, vendría a discutir el discurso de que «…tras cada hombre hay una gran mujer», refiriéndose a Rodolfo Valentino, cuando debería decirse que junto a Roldofo estuvo La gran Rambova; unos aseguraron que era posesiva y, otros, que lo encumbró para que brillara, pero lo cierto es que jamás lo siguió a la manera de un cachorro o perrillo faldero como muchos aseguran. Tras el divorcio tenían en común quince perros y cinco caballos. Rambova se refugió en París con sus pequineses y, tiempo después, se dedicó al espiritismo y al universo egipcio: «Natacha trabajó desde 1946 para la Fundación Bollingen con una beca que le permitió estudiar la decoración de los escarabeos egipcios y también colaboró con el egiptólogo ruso Alexander Piankoff en la edición y publicación de algunas obras sobre tema religioso. (Carme Mayans)