

Según la revista Terranova, «… En el año de 1948 conoce al comerciante Agapito Engels, marchante de antigüedades de la calle de Isabel la Católica, quien ante la belleza de su obra compra todos sus trabajos, haciéndolos pasar en el extranjero como cuadros auténticos del siglo XIX mexicano, pagando al artista no más que 15 pesos diarios por su obra, bajo la costosa condición de mantener su firma en estricto anonimato… Revistas como Time, Life y Visión se ocuparon de su figura debido al éxito internacional de su trabajo. Se le consideró el “Bruno Traven de la Pintura Mexicana…”».
Pero es María Luisa Alcázar del Fernández del Valle quien detectó la explotación a la que estaba sometido Horacio, y los dio a conocer, respetando su firma, en las galerías de Europa y los Estados Unidos, organizando una exitosa reunión de su obra en París con el título «Las Niñas Calzonudas».
