Horacio Rentería sobrevive gracias a lo más diminuto

«corazón vestido de perro, o sus cachorros»
Las niñas con diminutos falderillos pintados al óleo sobre tabla por el mexicano Horacio Rentería Rocha, parecieran de juguete mientras corretean alrededor como un carrusel. Nacido en Durango en 1912, de pequeño pintaba las casas de Analco para sufragar sus estudios, luego fue matemático y en paralelo a impartir docencia se dedicaba a realizar infinidad de retratos, de la observación plácida de lo cotidiano, y dejando murales muy estimados en Durango.

Según la revista Terranova, «… En el año de 1948 conoce al comerciante Agapito Engels, marchante de antigüedades de la calle de Isabel la Católica, quien ante la belleza de su obra compra todos sus trabajos, haciéndolos pasar en el extranjero como cuadros auténticos del siglo XIX mexicano, pagando al artista no más que 15 pesos diarios por su obra, bajo la costosa condición de mantener su firma en estricto anonimato…  Revistas como TimeLife y Visión se ocuparon de su figura debido al éxito internacional de su trabajo. Se le consideró el “Bruno Traven de la Pintura Mexicana…”».

Pero es María Luisa Alcázar del Fernández del Valle quien detectó la explotación a la que estaba sometido Horacio, y los dio a conocer, respetando su firma, en las galerías de Europa y los Estados Unidos, organizando una exitosa reunión de su obra en París con el título «Las Niñas Calzonudas».

Horacio pareciera inspirarse o continuar la tradición de este retrato de Francisca Xaviera de Paula (pintura barroca novohispana del siglo XVIII) para sobrevivir a sus penurias y reveses económicos.

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